
Se supone que nuestro presidente es “economista”, que tiene un
doctorado en esa ciencia en una de las mejores universidades de Norte
América, así como estudios avanzados en Bélgica. Él ha usado este título
como plataforma para lanzar su proyecto político, asegurando a todos
los ecuatorianos que él sabe cómo salvar el país, como sacarnos de la
desigualdad y crear un futuro mejor para todos. Millones de ecuatorianos
han puesto su futuro en las manos de Rafael Correa, teniendo la fe de
que alguien con tanta preparación académica es el más apto para liderar
el país.
Poniendo a un lado por el momento lo problemático que es esperar que
un académico sin experiencia pueda realmente liderar a un país como lo
fue el Presidente cuando tomo el poder, si analizamos sus ideas sobre la
economía de un país en el siglo 21, vemos que no entiende ni lo más
básico de un curso pre-universitario de economía. Por eso le vamos hacer
un favor a nuestro querido Presidente, para que tal vez deje de
proponer leyes y proyectos políticos que solo nos llevaran a la ruina.
En el estudio de economía, unos de los principios fundamentales tiene
que ver con los precios. Los precios son el único mecanismo eficaz que
tenemos para saber que tiene demanda y que no, y para los empresarios y
consumidores es la única manera de saber en que invertir y cuando
invertir. Si hoy el precio de pollo esta alto, eso generalmente señala
que hay una demanda para pollo en el mercado mayor a lo que los
agricultores están proporcionando. Si tengo la oportunidad, yo puedo
invertir en una finca o hacienda para criar pollos y venderlos, como hay
una demanda grande, seguramente voy a ganar una buena utilidad.
Eventualmente, otra gente me va a copiar y muchos se van a meter a criar
pollos, lo que va a generar precios más bajos, porque cada agricultor
va a tratar de vender a un precio menor para poder vender más. En la
economía esto tiene el efecto de generar más empleo, más riqueza, más
pollo en el mercado y precios más bajos para los consumidores, todos
ganamos.
Ahora, que pasa si el gobierno decide imponer un impuesto grande a
las utilidades de los agricultores que como diría nuestro presidente,
están gozando de una ganancia “ilegitima” por los precios altos en
pollo. Lo que pasara es que los agricultores dejaran de invertir en más
criaderos de pollos, y muchos de lo que ya están en el negocio se
saldrán, ya que el gobierno les quita casi todas sus utilidades. Esto
causa que suba el precio de pollo en el mercado porque hay menos oferta,
y en el peor de los casos puede haber escasez de pollo. Justamente por
no respetar el concepto de precios en un mercado libre, Venezuela vive
una miseria diaria y los ciudadanos no tienen ni los productos más
básicos para sus hogares.
Si el gobierno de Ecuador llega a imponer un impuesto de plusvalía
tan alto como están proponiendo, entonces veremos el mismo fenómeno con
la oferta de viviendas y terrenos en el país. Es verdad que ha subido el
precio de los terrenos y la inmobiliaria en general, pero un impuesto
no es la solución.
No es la solución porque la plusvalía ha crecido de
forma brutal por el crecimiento de la economía, lo que es normal y lo
que debería ser causa para celebrar no castigar. Si hay un crecimiento
no sostenible y tal vez irreal en las propiedades del país, es porque
las personas que han logrado ganar dinero por sus esfuerzos, no tienen
ningún incentivo para invertir en negocios u otras cosas que puedan
crecer la economía de forma más balanceada. Para una persona con dinero,
lo más facil y lo más seguro ha sido invertir en un apartamento o
terreno, porque hasta hoy, eso es lo único en que el gobierno no ha
interferido.
Ahora lo que puede pasar es que por causa de un impuesto alto a la
plusvalía, los precios de los terrenos pueden caer tremendamente. El
presidente diría que esto es bueno porque ahora los pobres pueden
comprar terrenos, pero lo que también pasara es que la clase media que
ha puesto sus ahorros en un apartamento o una pequeña casa va a perder
mucho del valor de su inversión. Más problemático, los que tienen deudas
con el banco pueden terminar debiendo más en sus hipotecas de lo que
valen sus casas. ¿Esto sería justicia; que las personas que han
trabajado todas sus vidas para poder comprarse un terrenito, ahora
pierdan todo y se quedan endeudados hasta la muerte?
Es verdad que hay desigualdad en el país, y que un porcentaje menor
tienen control de casi toda la riqueza, pero no se puede desarrollar a
un país quitándole el fruto del trabajo de esas personas. Aunque nos
guste o no, necesitamos que esas personas inviertan, esa es la forma
adecuada de redistribuir la riqueza. Cuando esa gente gasta su dinero en
comparar un negocio nuevo o cualquier otra cosa, literalmente están
transfiriendo su riqueza a otras personas, y eso pasa sin tener que
pagarle un sueldo a un burócrata.
Otra lección de economía básica; cuando un gobierno impone un
impuesto a la herencia alta, lo que pasa es que los ricios simplemente
buscan la forma de sacar el dinero del país y moverlo a paraísos
fiscales. El gobierno cree que puede controlar ese escape de capital,
pero para una familiar con millones de dólares, es fácil contratar a los
mejores expertos financieros del mundo para proteger su dinero. En
cambio dos hijos de un agricultor de clase media, que ahora no pueden ni
ganar con la venta de la tierra, tendrán que sacar de su bolsillo para
pagar el impuesto a la herencia que propone el Gobierno.
Claro, es menos de lo que supuestamente pagaría el rico, pero para
una persona que solo tiene ese terreno en su economía, unos miles de
dólares puede significar la educación de un hijo u otro bien fundamental
que ya no podrá tener.
¿Pero qué pasa si el impuesto a la herencia es razonable, o tal vez
si no existiría? Lo que pasaría es que los ricos van a invertir en el
país, buscando más oportunidades y creando más negocios para que sus
hijos puedan disfrutar de esa riqueza. Tal vez nos moleste que un hijo
de un rico viva una vida buena por el esfuerzo de sus padres y tal vez
esto no es justo, pero si tratamos de intervenir en esa situación por
razones emocionales, entonces terminamos creando más problemas para la
economía y para nuestro país en general.
Es raro el proyecto político que no tenga consecuencias inesperadas y
cuando se trata del control económico, esas consecuencias normalmente
son malas. Lo interesante, y lo que personas aparentemente ignorantes
como nuestro presidente no saben, es que los resultados que buscamos se
pueden manifestar sin hacer casi nada. Por ejemplo, lo de los hijos
vagos de un rico, algo que ofende nuestras sensibilidades. Las
estadísticas económicas globales nos indican que la riqueza no dura más
de dos o tres generaciones; es decir si usted hace dinero, probablemente
sus hijos tendrán una buena vida rica, pero sus nietos probablemente
regresaran a la clase media. Todos conocemos a familias que antes tenían
grandes fortunas pero que ahora hasta tiene problemas económicos, y
todo sin que el súper héroe económico Rafael Correa haga nada al
respecto. Y es obvio por que pasa esto, el hijo de un rico vive una vida
protegida, donde se la da todo y nunca tiene que buscar la forma de
salir adelante. Esto hace que no pueda realmente apreciar su dinero todo
el trabajo que se necesitó para crearlo, por lo tanto se lo gasta de
forma irresponsable y no queda nada para sus propios hijos.Puede ser que
pase después de una o dos generaciones más, pero eventualmente casi
siempre pasa.
Cuál es la concusión de todo esto, simplemente que impuestos a la
herencia solo consiguen que el dinero se vaya del país, que la clase
media pague de lo poco que tienen, y que no son realmente necesarios
para prevenir las dinastías de familias ricas porque igual nunca duran.
¿Entonces para qué sirve este impuesto a la herencia que quiere imponer
nuestro sabio presidente? Sirve para que el estado tenga más plata y
para que los políticos tengan más poder y control sobre nuestras vidas.
Realmente no creo que Rafael Correa sea ignorante de economía, lo que
creo es que el simplemente no puede soportar que los ciudadanos puedan
tener la libertad de hacer con su dinero lo que ellos quieran,
especialmente si son afluentes. Para él y todos los socialistas que
piensan igual, una persona con dinero ganado de su esfuerzo y su visión
para ver las oportunidad que otros no ven, es una amenaza fundamental a
su poder. Ese es una persona independiente, que piensa por sí mismo y
que no necesita del gobierno para vivir bien. Los socialistas entienden
muy bien la economía, por eso tratan de destruirla. Ellos no quieren que
todos seamos más ricos, sino que todos seamos más pobres.
Para ellos el
ideal es de un campesino trabajando en el sol hasta quemar su piel y
desgastar sus manos, o un peón trabajando en una fábrica desde el
amanecer al anochecer sin ver ese mismo sol, todos trabajando
miserablemente para empresas públicas. La persona que quiere más para
sus hijos es un arrogante, el emprendedor no es alguien que busca dar un
mejor servicio o producto, sino alguien que solo quiere explotar a los
pobres. La ironía es que los que realmente han trabajado en esas
condiciones entienden el valor del trabajo y muchos han buscado la forma
de salir de esa situación por medio de los negocios.
Pero para el Presidente y sus seguidores la solución es que todos
seamos igualmente infelices y dependientes de la misericordia de los que
tienen la ideología correcta y forman parte del partido político
correcto. Rafael Correa quiere ser el nuevo patrón y miembros de Alianza
País virreyes de la nueva colonia. Pero no se dejen captar por esa
visión diabólica, no se dejen seducir por una ideología que dejo
millones muertos y miserables en el siglo 20. Podemos salir adelante
todos, podemos desarrollar el país sin tener que penalizar el esfuerzo o
la visión, pero solo si buscamos la libertad y el progreso y rechazamos
los que se creen dueños de la verdad y buscan el control absoluto de
nuestras vidas solo para satisfacer sus complejos emocionales.